Villa del señorío de los Hurtado de Mendoza y marquesado de los condes de Altamira, que los Reyes Católicos visitaron en varias ocasiones. Allí murió Tirso de Molina el 12 de marzo de 1648, en el convento de la Merced. El 10 de julio de 1810 las tropas francesas la incendiaron por la resistencia que dentro de sus muros hizo Jerónimo Merino con 1600 hombres.
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