Un palacete de recreo neoclásico en el extremo del jardín del Príncipe, construido entre 1794 y 1803 sobre una antigua casa de labranza, de la que toma el nombre. Lo empezó Juan de Villanueva y le dio su aspecto final Isidro González Velázquez; su interior, con frescos de Maella, lo decoró sobre todo Jean-Démosthène Dugourc. Lo gestiona Patrimonio Nacional y se visita.
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