El puente sobre el Miño, de origen romano, cuyo arco principal cedió en el siglo XII y que se reparó y volvió a hundirse hasta la reforma final del siglo XVII, hacia 1660 según un artículo y en 1679 según otro, que dirigió Melchor de Velasco Agüero. Su arco central tiene más de 35 metros de luz y no deja ver fábrica romana. Es peatonal desde 1999.
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