Seis arcos desiguales sobre cinco pilares salvan el Tajo con ciento noventa y cuatro metros de longitud y cincuenta y ocho de altura, poco corriente en un puente romano y obligada por las crecidas del río en este cañón. Roto y rehecho muchas veces, desde el siglo XIII hasta la primera guerra carlista, lleva en el centro un arco honorífico que no es obra romana sino de la reforma del siglo XV. Desde octubre de 2025 ya no lo cruzan coches.
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