Ciudad ibérica del valle del Genil que Amílcar Barca y Asdrúbal controlaron desde el 237 a. C. y que abrió sus puertas a Roma tras la derrota de Cartago. César le dio el estatuto de municipio con el nombre de Municipium Florentinum Iliberitanum, y las fuentes posteriores la llaman casi siempre Florentia. Dio a Roma tres senadores y un cónsul, y en el año 304 acogió un concilio. Su sitio se discutió mucho entre Granada y Medina Elvira, y hoy se documenta en el terreno del Albaicín.
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