La ciudad arévaca que resistió veinte años los ataques romanos y que Publio Cornelio Escipión Emiliano cercó en el verano del 133 a. C. Tras trece meses de hambre y enfermedad, y agotados los víveres, los numantinos pusieron fin a su situación. Bajo Roma el territorio se restituyó a los pelendones; la decadencia definitiva llegó en el siglo III y se considera que la ciudad dejó de estar ocupada en el siglo IV.
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